4 abr. 2011

Amanecer: Cap. 5 - Isla Esme

-¿Houston?-pregunté alzando las cejas cuando llegamos a Seattle-. 
-Sólo una parada a lo largo del camino –me aseguró Edward con una 
sonrisa. 
Sentí que apenas había dormido cuando él me despertó. Me sentía grogui, 
atontada, como si me hubiesen arrastrado a través de las terminales, 
luchando por recordar cómo abrir mis ojos después de cada parpadeo. Me 
llevó unos cuantos minutos ponerme al corriente de lo que pasaba cuando 
nos paramos en el contador internacional para comprobar nuestro próximo 
vuelo. 
-¿Río de Janeiro?-pregunté con ligera agitación. 
-Otra parada -me dijo. 
El vuelo hacia Sudamérica fue muy largo pero cómodo en mi amplio 
asiento de primera clase, con los brazos de Edward rodeándome. Me dormí 
y me desperté en alerta como si estuviésemos dando vueltas y la luz del sol 
poniente entrando por las ventanas del avión. 
No permanecimos en el aeropuerto para coger otro vuelo, como 
esperábamos. En vez de eso, cogimos un taxi hacia la oscuridad, temiendo 
a las .alegres. calles de Río de Janeiro. Era incapaz de entender ni una sóla 
palabra de las instrucciones en portugués de Edward al conductor. El taxi 
continuó a través de la invasora muchedumbre hasta que se redujo algo y 
aparecímos cerca del borde extremo occidental de la ciudad, encabezada 

por el océano. 
Nos paramos en el puerto. 
Edward descendió por la larga línea de yates blancos en el agua 
ennegrecida por la noche. El barco en el que él se paró era más pequeño 
que los demás, más liso, obviamente construído para la velocidad en vez de 
para el espacio, todavía lujoso, resistente y más lleno de gracia que el resto. 
Él saltó ligeramente a pesar de las pesadas bolsas que llevaba; las dejó caer 
sobre la cubierta y se dio la vuelta para ayudarme con cuidado sobre el 
borde. 
Observé en silencio mientras Edward preparaba el barco para la salida, 
sorprendida con lo experto y cómodo que parecía, pues nunca antes había 
mencionado cierto interés en los barcos. A pesar de todo, él era bueno en 
todo lo que se proponía, otra vez. 
En cuanto nos encabezamos sobre el Este previsto en el océano abierto, 
repasé la geografía básica en mi cabeza. Por lo que yo podría recordar, no 
había mucho este en Brasil ... al no ser que llegases a África. 
Pero Edward se apresuró adelante mientras las luces de Río descoloraban y 
finalmente desaparecían tras nosotros. Sobre su cara había una risa familiar 
muy animada, la única producida por cualquier forma de velocidad. El 
barco sumergido entre las olas fue regado con el rocío del mar. 
Finalmente, la curiosidad que habia suprimido por tanto tiempo, afloró. 
-¿Estamos yendo muy lejos?-pregunté-. 
No me pareció que él olvidase que yo era humana, pero me pregunté si 
planificó para nosotros vivir de este pequeño arte durante un periodo de 
tiempo. 
-Alrededor de otra media hora -sus ojos se posaron en mis manos apretadas 
sobre el asiento y sonrió abiertamente. 
Oh bien, pensé a mís adentros. Él era un vampiro después de todo. Tal vez 
íbamos a la Atlántida 


Veinte minutos después él me llamo por encima del rugido del motor. 
-¡Bella, mira allí!- dijo señalando hacia delante-. 
Al principio, sólo ví la oscuridad y el rastro blanco de la luna a través del 
agua. Pero busqué donde él señaló hasta que encontré una forma baja negra 
que se rompía con el brillo de luz de la luna sobre las olas. Como 
bizqueaba en la oscuridad, la silueta se hizo más detallada. La forma se 
convirtió en un triángulo achaparrado, irregular, con un lado más largo que 
otro A medida que nos acercábamos pude ver que el contorno era plumoso, 
balanceándose gracias a la brisa ligera. 
Poco después, mis ojos volvían a enfocar bien y todo cobró sentido: 
Una pequeña isla se elevaba sobre el agua delante de nosotros junto con 
una playa que brillaba pálida a la luz de la luna. 
-¿Dónde estamos? -murmuré en la maravilla mientras él cambió el curso, 
dirigiéndose hacia el norte de la isla. 
Edward me escuchaba a pesar del ruido del motor y me dirigió una amplia 
sonrisa que brillaba a la luz de la luna. 
-Esta es Isla Esme. 
El barco redució la marcha radicalmente, dibujándose con precisión en 
posición contra un muelle corto construido de tablones de madera, 
blanqueados por la blancura de la luna. El motor se apagó, y el silencio que 
lo siguió era profundo. No había nada más que las olas que rompían 
ligeramente contra el barco y el crujido de la brisa en las palmeras. El aire 
era caliente, húmedo y con una cierta fragancia - como el vapor olvidado 
después de una ducha caliente-. 
-¿Isla Esme? –mi voz sonaba queda aunque lo suficientemente ruidosa 
como para romper la noche tranquila. 
- Un regalo de Carlisle. Esme me pidió que la tomaramos prestada. 
Un regalo. ¿Quién da una isla como regalo? Fruncí el ceño. No me había 

dado cuenta de que la generosidad de Edward era un comportamiento 
aprendido. 
Edward colocó las maletas sobre el muelle y luego se volvió, riéndose con 
su sonrisa perfecta. Y En vez de coger mi mano, me empujó 
inmediatamente hacia sus brazos. 
-¿No se supone que me estás esperando en el borde? – pregunté sin aliento 
mientras él saltaba ligeramente fuera del barco. 
Edward sonrió abiertamente. 
-No estoy haciendo nada, sólo intento ser cuidadoso. 
Agarrando con unasmano los enormes troncos y con la otra sujetándome a 
mi, Edward me llevó al muelle por un sendero de arena pálida que 
atravesaba la oscura vegetación. 
Durante un rato, en aquella .selva. o .espesura. todo estaba negro, como 
la boca de un lobo. Al momento, pude ver una luz delante de mí. Poco 
tiempo después comprendí que la luz era una casa -los dos cuadrados 
perfectos y brillantes eran amplias ventanas que enmarcaban la puerta de la 
calle- y que el miedo escénico me había atacado otra vez, más 
convincentemente que antes, cuando pensé que nos dirigíamos hacia un 
hotel. 
Mi corazón palpitaba contra mis costillas y mi aliento pareció 
meterse de lleno en mi garganta. Sentí los ojos de Edward sobre mi rostro, 
pero rechacé el hecho de encontrarme con su fija mirada. Dirigí mi vista 
hacia delante, sin ver nada. 
No me preguntó en qué pensaba, lo cuál estaba totalmente fuera de su 
carácter y manera de actuar. Adiviné que estaba tan nervioso como yo. 
Puso las maletas sobre el porche para poder abrir la puerta – que estaba 
cerrada con llave-. 
Entramos en la casa, ambos muy tranquilos, encendiendo las luces mientras 

cruzaba. Mi impresión sobre la casa fue que era tranquila y grande para una 
isla diminuta. Todo me resultaba extrañamente familiar. Habían usado la 
combinación de colores preferida por los Cullen: pálidos sobre otros 
también pálidos. El latido violento de mi pulso detrás de mis oídos hizo que 
todo se me volviera un poco borroso. 
Entonces Edward se paró y encendió la última luz. 
La habitación era grande y blanca y la pared más lejana era sobre todo de 
cristal - la decoración estándar para mis vampiros. Fuera, la luna era 
brillante sobre la arena blanca, solamente a unas yardas de la casa. Pero 
apenas noté aquella parte. En lo que más me fijé fue en la enorme cama 
,absolutamente blanca, que estaba en el centro del cuarto, colgada con 
accidentales nubes de redes de mosquito. 
Edward se acercó a mí. 
- Voy a ... por el equipaje. 
El cuarto, sin duda, era mucho más acogedor que la noche tropical de fuera. 
Una gota de sudor se derramó sobre mi cuello. Anduve lentamente hacia 
delante hasta poder extender la mano y tocar las redes espumosas. Por 
cualquier razón sentí la necesidad de asegurarme de que todo era 
verdadero. 
No oí cuando Edward regresó. De repente, su dedo invernal acarició la 
parte de atrás de mi cuello, borrando la gota de transpiración. 
-Hace un poquito de calor aquí. – dijo a modo de excusa-. Pensé ... que 
sería mejor... 
.Cuidadoso., murmuré bajo mi aliento. Él se rió silenciosamente. Era un 
sonido nervioso, raro en el caso de Edward. 
-Intenté pensar en algo que hiciera esto...más facil. –admitió. 
Tragué saliva fuertemente, enfrentándole todavía de lejosl. 

¿Alguna vez hubo una luna de miel como esta antes? 
Conocía la respuesta a esto. No, no la hubo. 
¿-Me preguntaba -dijo edward despacio- Si ... primero ... tal vez te gustara 
bañarte esta medianoche conmigo? - él suspiró, y su voz era más suave 
cuando habló otra vez-. El agua estará muy caliente. Esta es la clase de 
playa que te gustaría. 
-Suena bien, agradable -mi voz se rompió-. 
- Estoy seguro de que te gustaría tener un minuto humano .. o dos... Ha sido 
un viaje largo. 
Toqué madera. Apenas me sentía humana; tal vez unos minutos sola 
ayudarían. Sus labios rozaron mi garganta, justo debajo de mi oído. Se rió 
en silencio una vez y su aliento fresco cosquilleó mi piel recalentada. 
-No tardes, Sra Cullen... 
Me sobresalté un poco con el sonido de mi nuevo nombre. 
Sus labios descendieron desde mi cuello hasta la punta de mi hombro. 
-Te esperaré en el agua. 
Edward anduvo por delante de mí en dirección a la puerta, la cual abrió y 
por la que se veía la arena de la playa. Por el camino, dejó caer su camisa al 
suelo, y luego resbaló por la puerta en aquella noche de luna. El aire 
bochornoso y salado se arremolinó en el cuarto, detrás de él. 
¿Irrumpió mi piel en llamas? Tuve que mirar hacia abajo para comprobarlo. 
No, nada se quemaba. Al menos, no visiblemente. 
Me recordé a mi misma que debía respirar y me tropecé con la maleta 
gigantesca que Edward había abierto sobre la cima de un aparador bajo 
blanco. "Debe ser lo mío", porque mi bolso familiar de artículos de aseo 
estaba allí, con bastantes cosas de solor rosado; pero no reconocí una 
prenda de ropa. Busqué por los montones bien doblados -era la búsqueda 

de algo familiar y cómodo, un par de viejas sudaderas, tal vez- Captó mi 
atención una parte horrible de cordón escarpado y el satén escaso en mis 
manos. Ropa interior. Ropa muy interior, con etiquetas francesas. 
No sabía ni cómo ni cuándo, pero algún día, Alice me las iba a pagar por 
esto. 
Rindiéndome, fui al cuarto de baño y eché una ojeada hacia fuera por las 
ventanas, que se abrían sobre la misma playa. No veía a Edward; adiviné 
que estaba allí, en el agua, sin molestar con su pasó al aire. Encima, en el 
cielo, la luna estaba casi llena y la arena brillaba bajo su brillo. Un pequeño 
movimiento hizo que mis ojos se dirigieran hacia una de las palmeras que 
bordeaban la playa. El resto de la ropa de Edward se balanceaba gracias a 
la brisa ligera. 
Una bocanada de aire se dirigió a través de mi piel, otra vez. 
Respiré profundamente varias veces y luego fui a los espejos que estaban 
encima de los mostradores. Observé claramente cómo había estado 
durmiendo en el avión todo el día. Encontré mi cepillo y me lo pasé 
severamente por el dorso de mi cuello, hasta que mi pelo se alisara y las 
cerdas estuviesen llenas de pelo. Me lavé meticulosamente los dientes, 2 
veces. Después me lavé la cara y salpiqué el agua por mi cuello, que estaba 
ardiendo. Me sentí bien por lo que tambien me lavé los brazos y, 
finalmente, me decidí a darme la ducha. Sabía que era ridículo ducharse 
antes de bañarse en el mar, pero tenía que tranquilizarme, y el agua caliente 
era una manera fiable de hacerlo. 
El hecho de depilarme las piernas también me pareció una idea bastante 
buena. 
Cuando esuve preparada, agarré una enorme toalla blanca y me la coloque 
bajo mis brazos. 
Ahora si que empecé a afrontar un dilema que no había considerado antes. 
¿Qué.. qué se suponía que debería ponerme? Era una tontería aplazar 
también mi ropa; Aún no quise pensar en las cosas que Alice había metido 
en las maletas para mí. 


Mi respiración comenzó a acelerarse de nuevo y mis manos temblaban -
demasiado para los efectos calmantes de la ducha-. Me sentía un poco 
mareada, probablemente fuese un ataque de panico a escala natural. Me 
senté en el suelo fresco sobre mi gran toalla y puse mi cabeza entre las 
rodillas. Recé para que Edward no decidiese venir a buscarme antes de que 
pudiera reunirme con él. Podría imaginarme lo que pensaría si me viera ir a 
pedazos por el camino hacia la playa. No sería difícil para él convencerse 
de que nos estábamos equivocando. 
No era una monstruosidad pensar que nosotros nos equivocábamos. No del 
todo. No tenía ni idea de cómo hacer todo aquello y tuve miedo por haber 
salido de la habitación y enfrentarme a lo desconocido. Sobre todo, en 
cuanto a la ropa interior francesa. Sabía que no estaba aún preparada para 
ello. 
Sentí exactamente la necesidad de hacer huelga delante de un teatro lleno 
de miles de personas sin tener ni idea de las directrices que yo misma 
seguía. 
¿Cómo hacía la gente esto -se tragan todos sus miedos y confían más en 
alguien con cada imperfección y miedo que ellos mismos tienen – teniendo 
en cuenta el compromiso absoluto que Edward me había dado? Si él no 
estuviera ahí, si yo no supiera que lo amo con cada célula de mi ser , como 
también me ama él a mí . -sin condiciones, irrevocablemente y, siendo 
honesta, irracionalmente- 
Nunca sería capaz de levantarme de aquel suelo. 
Pero Edward estaba ahí. Entonces, me susurré a mi misma: "No seas 
cobarde" . Apreté la toalla bajo mis brazos y me fui con determinación del 
cuarto de baño. Pasé por delante de la maleta llena y la cama grande, sin 
mirar. Afuera, la puerta de cristal estaba abierta sobre la fina arena. 
Todo estaba blanco y negro, descolorido por la luna. Anduve despacio a 
través de la arena caliente, me paré al lado del árbol donde Edward había 
dejado su ropa. Posé mi mano contra la áspera corteza y comprobé mi 
respiración para asegurarme aún mas ( de lo que iba a hacer) . Asegurarme 
lo bastante. Miré a través de las bajas y negras ondulaciones en la 
oscuridad, buscándolo. 


No era difícil de encontrar. Estaba de pie. me daba la espalda. Su cintura 
estaba sumergida en el agua de medianoche. La luna nos miraba y su pálida 
luz hacía que su piel pareciese perfectamente blanca, como la arena, como 
la luna en sí misma; e hizo que su pelo mojado pareciese negro como el 
océano. Estaba inmóvil, sus manos descansaban con las palmas hacia 
abajo, contra el agua; las pequeñas olas se rompían alrededor de él, como si 
fuera una piedra. Miré fijamente las lisas líneas de su espalda, sus hombros, 
sus brazos, su cuello, su impecable forma... 
El fuego ya no era un destello que me quemaba a través de la piel -ahora 
era lento y profundo-; Toda mi torpeza, mi tímida incertidumbre, ardió 
lejos sin llama. Hice resbalar mi toalla sin vacilación, dejándola sobre el 
árbol, junto con su ropa, e hice huelga con aquella luz blanca, lo que me 
hizo palidecer como la arena. 
No podía oir el sonido de mis pisadas mientras caminaba por la orilla del 
agua, pero adiviné que él sí que podría. Edward no se dio la vuelta. Dejé 
que las apacibles elevaciones rompieran contra los dedos de mis pies. Y 
encontré que él se encontraba agusto con la temperatura. Estaba templada 
(o caliente), como la del agua del baño o la ducha. Empecé a andar 
cuidadosamente a través del fondo invisible del océano, pero todo mi 
cuidado fue innecesario. La arena siguió absolutamente lisa y suave 
inclinándose con cuidado hacia Edward. Me abrí paso entre la corriente 
ingrávida hasta estar a su lado y luego coloqué ligeramente mi mano sobre 
la suya, que descansaba sobre el agua. 
_.Precioso.. Dije alzando la vista hacia la luna. 
- .Está bien., Contestó sin impresionarse. Se giró lentamente para mirarme 
a la cara. Pequeñas olas rompieron su movimiento contra mi piel. Sus ojos 
parecían de plata en su cara de hielo coloreada. Él torció su mano tanto 
como pudo para que nuestros dedos pudieran tocarse bajo la superficie del 
agua. Su piel estaba lo suficientemente caliente para que la mía no se 
erizara. 
_ Pero yo no usaría la palabra .precioso.. –continuó él- No al menos 
permaneciendo tu aquí. 

Me medio reí y levanté la mano que tenía libre – que ahora mismo no 
temblaba- y la coloqué sobre su corazón. Blanco sobre blanco, hacíamos 
juego al menos por una vez. Él se estremeció. Su aliento era áspero ahora. 
_ .Prometí que.... –susurró de repente tenso- .Si ... si hago algo mal, Si te 
hiciera daño, debes decirmelo inmediatamente ". 
Asentí solemnemente, fijando mis ojos en los suyos. Dí otro paso a través 
de las olas y apoyé mi cabeza contra su torso. 
_ No tengas miedo –murmuré-. Nos pertenecemos mutuamente. 
Me abrumé bruscamente por la verdad de mis propias palabras. Este 
momento era tan perfecto que no habia manera de dudarlo. 
Sus brazos me rodearon sosteniéndome contra él: el verano y el invierno; lo 
que hizo que sintiera que cada uno de mis nervios fueran como un cable 
vivo. 
.Para siempre. –dijo- empujándome con ciudado hacia las profundidades 
del agua. 

-*-*-*-*-**-**-*-*-*-*- 

 
El sol, caliente sobre la desnudez de mi espalda, me despertó por la 
mañana. Muy tarde en la mañana, quizá era tarde, no estaba segura. 
Todo, sin tomar en cuenta la hora, estaba claro; sabía perfectamente donde 
estaba – el cuarto brillante con la super cama blanca, con los brillantes 
rayos del sol atravesando las puertas abiertas. La red sobre la cama 
suavizando el resplandor. 
No abrí los ojos. Estaba demasiado feliz como para cambiar algo, sin 
importar lo pequeño que fuera. Los únicos sonidos eran las olas afuera, 
nuestra respiración, el latido de mi corazón… 
Estaba cómoda, aún con el sol quemante. Su piel fría era el antídoto 
perfecto al calor. Descansando sobre su pecho, sus brazos a mi alrededor, 
se sentía tan bien y natural. Me pregunté por qué había entrado en pánico la 
noche anterior. Mis miedos parecían tontos ahora. 
Sus dedos trazaban suavemente el camino de mi espalda, y supe que él 

sabía que estaba despierta. Pero mantuve los ojos cerrados y apreté mis 
brazos sobre su cuello, tratando de acercarme más a él. 
No habló; sus dedos se movían de arriba abajo en mi espalda, apenas 
rozando mientras trazaba patrones sobre mi piel. 
Yo habría estado feliz de quedarme ahí por siempre, para nunca tener que 
interrumpir este momento, pero mi cuerpo tenía otra idea. Reí por mi 
impaciente estómago. Parecía algo prosaico estar hambrienta después de 
todo lo que había pasado la noche anterior. Era como pisar la tierra de 
nuevo después de estar en el cielo. 
.Qué es lo chistoso?. murmuró, aún acariciando mi espalda. El sonido de 
su voz, seria y profunda, trajo a mi mente imágenes de la noche anterior, y 
sentí como el color llenaba mi cara y cuello. 
Para responder su pregunta, mi estómago gruñó. Reí de nuevo. .No se 
puede escapar de ser humana por mucho tiempo.. 
Esperé, pero no rió conmigo. Lentamente, haciéndose camino entre las 
muchas capas de éxtasis que nublaban mi cabeza, me dí cuenta que la 
atmósfera era muy diferente fuera de mi propia esfera de felicidad. 
Abrí los ojos; la primera cosa que vi fue su pálida y casi plateada piel de la 
garganta, el arco de su mentón sobre mi cara. Su mandíbula estaba tensa. 
Me recargué sobre un codo para poder verlo de cerca. Él estaba viendo 
hacia el dosel de la cama y mientras no volteaba a verme, estudié su 
postura. Su expresión fue un shock – envió dolores físicos a través de mi 
cuerpo. 
.Edward. le dije, un sonido extraño salió de mi garganta. .Qué es esto? 
Que pasa?. 
.Tienes que preguntarlo?. Su voz era dura, cínica. 
Mi primer instinto, el producto de una vida llena de inseguridades, fue 
preguntarme que había hecho mal. Pensé en todo lo que había pasado, pero 
no pude encontrar un solo momento amargo. Todo había sido más fácil de 
lo que esperaba; encajábamos perfecto, como un rompecabezas hecho para 
eso. Esto me había dado una satisfacción en secreto – éramos compatibles 
físicamente, así como lo éramos en lo demás. Fuego y Hielo, existiendo de 
alguna forma, sin destruirse entre sí. Una prueba más de que yo le 
pertenecía. 
No podía pensar en nada que lo hubiera puesto así – tan frío y severo. De 
qué me había perdido? 
Su dedo suavizó las líneas de preocupación en mi frente. 

.En qué piensas?. susurró 
.Estás molesto. No lo entiendo. Acaso hice…?. no pude terminar. 
Sus ojos se ajustaron un poco. .Qué tan lastimada estás, Bella? Dime la 
verdad – no trates de minimizarlo.. 
.Lastimada?. repetí; mi voz se oyó más fuerte de lo normal porque me 
tomó por sorpresa. 
Levantó una ceja, sus labios pegados formando una pequeña línea. 
Hice un chequeo rápido, estiré mi cuerpo, tensando y flexionando mis 
músculos. Sentí un poco de dolor, hinchazón, también, era verdad, pero 
básicamente tenía la sensación de que mis huesos se habían desprendido de 
mis articulaciones y que me había convertido en gelatina. Pero no era una 
sensación desagradable. 
Y entonces me molesté, porque él estaba satanizando la más perfecta de 
todas las mañanas con sus conjeturas pesimistas. 
.Porqué sacaste esa conclusión? Nunca he estado mejor de lo que estoy 
ahora. 
Sus ojos se cerraron .Detén esto. 
.Detener que?. 
.Deja de actuar como si no fuera el monstruo que accedió a esto. 
.Edward!. susurré, realmente molesta ahora. Estaba tratando de quitarme 
un alegre recuerdo y reemplazarlo con algo oscuro, manchándolo. .Nunca 
digas eso de nuevo. 
Él abrió sus ojos, parecía que no quería verme. 
.Mírate Bella. Y luego me dices si no soy un monstruo. 
Herida, sorprendida, seguí sus instrucciones sin pensar y me espanté. 
Qué me había pasado? No tenía sentido ver toda esa nieve peluda colgando 
de mi piel. Sacudí la cabeza y una cascada blanca cayó de mi cabello. 
Tomé entre mis dedos la suave nieve. Era una pieza caída. 
.Porqué estoy cubierta en plumas?. Pregunté confundida. 
El exhaló impacientemente. .Mordí una almohada. O dos. Pero eso no es 
de lo que hablo.. 
.Mordiste una almohada? Por qué?. 
.Mira, Bella!. él casi gritaba. Tomó mi mano delicadamente – y la estiró. 
.Mira eso. 
Esta vez, entendí lo que me decía. 
Bajo la lluvia de almohadas, grandes moretones comenzaban a notarse 
sobre la piel de mi brazo. Mis ojos siguieron el rastro que hacían hasta mi 

hombro, y sobre las costillas. Hundí un dedo sobre un moretón, para verlo 
desaparecer un segundo y reaparecer un instante después. Molestó un poco. 
Delicadamente, Edward colocó su mano sobre los moretones de mi brazo, 
uno a la vez, uniendo sus largos dedos en los patrones. 
.Oh. dije 
Traté de recordar esto – el dolor – pero no pude. No pude pensar en un solo 
momento en que sus abrazos fueran tan fuertes, o sus manos duras contra 
mí. Solo podía recordar que quería que me abrazara más fuerte y estar 
agradecida cuando lo hacía… 
.Lo… siento tanto, Bella.. Susurró mientras veía los moretones. .Sabía 
bien que esto pasaría. No debí –. Hizo un sonido apagado, revolviéndose 
en lo profundo de su garganta. .Estoy más apenado de lo que podría 
expresar.. 
Puso un brazo sobre su cara y se quedó completamente quieto. 
Me senté por un momento, en total shock, tratando de calmar –ahora que 
entendía – su miseria. Era tan diferente a como yo me sentía que me 
costaba procesarlo. 
El impacto se desvaneció rápidamente, dejando nada en su ausencia. Vacio. 
Mi mente estaba en blanco. No podía pensar en que hacer o que decir. 
Como le podría explicar en la forma correcta? Como podría hacerlo tan 
feliz como yo lo era – o como había estado, un momento antes? 
Tomé su brazo y no respondió. Envolví mis dedos alrededor de su muñeca 
y traté de quitar su brazo de la cara, pero pude haber tratado de mover una 
estatua porque así lo sentí. 
.Edward. 
No se movió. 
.Edward?. 
Nada. Entonces, sería un monólogo. 
.Lo siento tanto, Edward. Estoy… ni siquiera puedo decírtelo. Estoy tan 
feliz. Eso no es suficiente. No te molestes. No lo hagas. Estoy realmente b- 
.No digas la palabra .bien... Su voz era fría como hielo. .Si valoras mi 
salud, no digas que estás bien. 
.Pero lo estoy. susurré 
.Bella. como si pudiera llorar. .No. 
.No. No tú, Edward!. 
El movió su brazo; sus ojos dorados me veían desconcertados. 

.No lo arruines. le dije. .Estoy. Muy. Feliz. 
.Ya lo he arruinado. murmuró 
.Deja eso!. ordené 
Escuché sus dientes chocar de furia. 
.Ugh!. gruñí. .Por qué no es posible que leas mi mente? Es muy 
inconveniente ser una muda mental!. 
Sus ojos se estrecharon un poco, distraídos a pesar de si mismo. 
.Eso es nuevo. Te encanta que no sea capaz de leer tu mente.. 
.No hoy. 
Me miró fijamente. .Por qué?. 
Solté mis manos en frustración, sintiendo un ardor en mi hombro que 
ignoré. Mis palmas cayeron contra su pecho con un golpe seco. .Porque 
todo este berrinche sería innecesario si pudieras ver como me siento ahora! 
O hace 5 minutos. Estaba muy feliz. Total y completamente fuera de este 
mundo. Ahora- bueno, estoy muy enojada. 
.Deberías estarlo. 
.Pues lo estoy. Te hace sentir mejor?. 
Exhaló. .No, no creo que haya nada que me haga sentir mejor. 
.Eso. dije .Eso es por lo que estoy molesta. Estás matando mi alegría, 
Edward. 
Dio vuelta a los ojos y sacudió la cabeza. 
Tomé una bocanada de aire. Comenzaba a sentir las molestias ahora, pero 
no estaba tan mal. Era algo así como cuando levanté pesas. Lo había hecho 
con Renée durante una de sus etapas obsesivas. Levanté 65 veces con 5 
kilos en cada mano. No podía caminar al dia siguiente. Esto no se sentía ni 
la mitad de mal. 
Tragué mi irritación y traté de suavizar la voz. .Sabíamos que iba a ser 
difícil. Pensé que ya lo sabías. Y entonces – bueno, fue mucho más fácil de 
lo que pensé. Y esto no es nada.. Señalé con mis dedos sobre mi brazo. 
.Creo que para ser la primera vez, sin saber que nos esperaba, lo hicimos 
increíble. Con un poco de práctica – . 
Puso la cara tan lívida que tuve que dejar de hablar. 
.Saberlo? Esperabas esto Bella? Pensabas que te lastimaría? Pensabas que 
sería peor? Consideras este experimento un triunfo porque puedes caminar 
aún? Sin huesos rotos – eso significa una victoria?. 
Esperé, dejando que dijera todo. Entonces esperé más mientras su 
respiración se calmaba. Cuando sus ojos se habían normalizado, pregunté, 

hablando con poca precisión. 
.No sé que esperaba – pero definitivamente no creí que fuera tan … tan… 
tan increíble como fue.. Mi voz se volvió un susurro, mis ojos se movieron 
de su cara a mis manos. .Quiero decir, no sé como fue para ti, pero eso fue 
para mí.. 
Un dedo frio levantó mi mandíbula. 
.Es eso de lo que estás preocupada?. preguntó a través de sus dientes. 
.Que no haya disfrutado?. 
Mis ojos no se levantaron. .Sé que no es lo mismo. No eres humano. Solo 
trataba de explicarte que, para un humano, bueno, no puedo imaginar que la 
vida pueda dar algo mejor que esto. 
Se quedó callado por un largo rato, hasta que finalmente, tuve que verlo. Su 
cara se había suavizado, pensativo. 
.Parece que tengo muchas cosas de las cuales disculparme. Hundió el 
entrecejo. .Nunca creí que pensarías que todo esto que siento significa que 
anoche no fue… bueno, la mejor noche de mi existencia. Pero no quería 
pensarlo así, no cuando tu fuiste…. 
Mis labios se torcieron un poco. .De verdad? La mejor de tu vida?. 
pregunté apenada. 
Tomó mi cara entre sus manos, aún pensativo. .Hablé con Carlisle después 
de que tu y yo hicimos el pacto, esperando en que pudieras ayudarme. Por 
supuesto, me advirtió que podía ser muy peligroso para ti. Una sombra 
cruzó su cara. .El tenía fé en mi – fé que no merezco. 
Comencé a protestar, y el puso dos dedos sobre mis labios antes de poder 
continuar. 
.También le pregunté que debería esperar. No sabía como sería para mí… 
yo siendo vampiro.. Sonrió levemente. .Carlisle me dijo que era algo muy 
poderoso, como nada en el mundo. Me dijo que el amor físico era algo que 
no debía tomar a la ligera. Con nuestras raros cambios de temperamento, 
emociones fuertes pueden alterarnos de forma permanente. Pero me dijo 
también que no necesitaba preocuparme por esa parte – tu ya me habías 
cambiado completamente.. Esta vez, su sonrisa era genuina. 
.Hablé con mis hermanos también. Ellos me dijeron que era un gran placer. 
Detrás únicamente de tomar sangre humana.. Una línea se formó en su 
frente. .Pero yo he probado tu sangre, y no existe sangre más potente que 
eso… No creo que estén equivocados, realmente. Solo que es diferente para 
nosotros. Algo más. 

.Fue más. Lo fue todo. 
.Eso no cambia el hecho de que estuvo mal. Aún cuando sea posible que te 
sientas así. 
.Qué significa eso? Crees que estoy inventando todo? Por qué?. 
.Para calmar mi culpa. No puedo ignorar la evidencia Bella. O tu historia, 
cuando antes ya has hecho cosas para hacerme sentir mejor. 
Tomé su mentón y lo acerqué a mí, de forma que nuestras caras estaban a 
centímetros. .Escuchame Edward Cullen. No estoy inventando nada por ti, 
de acuerdo? Ni siquiera sabía que tenía que haber una razón para hacerte 
sentir mejor hasta que empezaste a ser miserable. Nunca he estado más 
feliz en mi vida – No estuve así de feliz cuando decidiste que me amabas 
más de lo que deseabas matarme, o la primer mañana cuando desperté y 
estabas ahí esperando por mí…. Ni cuando escuché tu voz en el salón de 
ballet. – El se estremeció con el recuerdo de mi encuentro con un 
rastreador, pero no me detuve – .o cuando dijiste .acepto. y me dí cuenta 
que de alguna forma te tendría para siempre. Esos son recuerdos felices, y 
esto es mejor que cualquiera de ellos. Así que acostúmbrate.. 
Él tocó la línea entre mis cejas. .Te estoy haciendo infeliz ahora. No quiero 
q se así. 
.Entonces no seas infeliz. Es lo único que está mal aquí. 
Sus ojos se entrecerraron, tomó un gran respiro y asintió. .Tienes razón. El 
pasado es pasado y no puedo hacer nada para cambiarlo. No tiene sentido 
dejar que mi mal humor te amargue la vida. Hare lo posible por hacerte 
feliz ahora. 
Examiné su cara con desconfianza, y él me correspondió con una sonrisa 
serena. 
.Lo que sea que me haga feliz?. 
Mi estómago rugió al mismo tiempo de preguntar. 
.Tienes hambre. dijo rápidamente. Se salió agilmented e la cama, dejando 
un camino de plumas a su paso. Lo que me recordó. 
.Entonces, por qué exactamente decidiste destruir las almohadas de 
Esme?. Pregunté, sentándome y sacudiendo plumas de mi cabello. 
El ya tenía puestos un par de pantalones kaki, y estaba parado en la puerta, 
acomodando su cabello, quitando las plumas. 
.No sé si decidí hacer algo anoche. murmuró .Simplemente fuimos 
afortunados de que hayan sido las almohadas y no tu. Inhaló 
profundamente y sacudió la cabeza, como si quisiera sacarse un 

pensamiento malo. Una auténtica sonrisa se dibujó en su cara, pero supuse 
que había sido un gran esfuerzo para él. 
Me deslicé cuidadosamente de la cama y me estiré de nuevo, más 
consciente ahora, del dolor e inflamación. Lo escuché carraspear. Se dio la 
vuelta, con sus manos en puños. 
.Luzco tan mal?. pregunté, tratando de amenizar el ambiente. Sostuvo la 
respiración y siguió sin voltear, probablemente para esconder la expresión 
en su rostro. Caminé hacia el baño para checarme. 
Definitivamente había empeorado. Había una ligera mancha en mi mejilla, 
y mis labios estaban inflamados, pero por otra cosa, mi cara estaba bien. El 
resto de mi cuerpo estaba decorado con parches azulados y morados. Me 
concentré en los moretones que eran más difíciles de ocultar – mis brazos, 
mis hombros. Pero no eran tan malos. La piel se repone rápidamente. Para 
el momento en que un moretón aparecía yo ya me había olvidado cómo se 
había formado. Por supuesto, estos apenas estaban en desarrollo. Se verían 
peor mañana. Eso no haría las cosas más sencillas. 
Miré mi cabello, y después gruñí. 
.Bella?. El estaba detrás de mí en cuanto hice el sonido. 
.Nunca podré quitarme esto del cabello. Apunté hacia mi cabeza, con lo 
que parecía un nido de pájaros. Comencé a jalonear las plumas. 
.Deberías preocuparte por tu cabello. se quejó, pero se puso detrás mio, 
quitándo las plumas más rápidamente. 
.Cómo te contuviste de reírte? Me veo ridícula. 
No contestó; se mantenía quitando las plumas. Y sabía la respuesta de 
inmediato – no había anda que pudiera parecerle gracioso de esto. 
.No va a funcionar. Suspiré después de un minutos .Está enredado. Tendré 
que lavarlo. Y me dí la vuelta, colocando mis brazos en su cintura. 
.Quieres ayudarme?. 
.Mejor buscaré comida para ti. Dijo en una voz calmada, y gentilmente se 
desprendió de mis brazos. Suspiré mientras desaparecía, moviéndose 
rápidamente. 
Parecía que mi luna de miel había terminado. Eso me hizo un nudo en la 
garganta. 
Cuando estuve libre de plumas y vestida con un vestido blanco nuevo de 
algodón que cubría la mayor parte de los moretones, caminé descalza hacia 
donde me dirigía el olor de los huevos, tocinos y queso cheddar. 

Edward estaba parando frente a la estufa de acero inoxidable, cocinando un 
omelet bajo la fina luz azulada del lugar. El olor a comida me invadió. Me 
creí capaz de comerme todo el plato e incluso el sartén; mi estómago 
reclamó. 
.Aquí está. me dijo. Se dio la vuelta con una sonrisa en su cara y colocó el 
plato en una pequeña mesa. 
Me senté en una de las sillas de metal, oliendo los huevos calientes. 
Quemaron mi gargante, pero no me importó. 
Se sentó frente a mí. .No te estoy alimentando bien. 
Tragué y le recordé .Estaba dormida, y esto está realmente bueno, por 
cierto. Impresionante viniendo de alguien que no come. 
.Food Network. me dijo, regalándome la sonrisa torcida que era mi 
favorita. 
Estaba feliz de verlo, feliz de que se viera un poco más normal. 
.Le pedí a unas personas que vinieran a limpiar la cocina. Por primera vez 
en este lugar. Creo que les pediré que limpien las plumas también. El se 
distrajo, su mirada fija en un espacio sobre mi cabeza. No respondí, 
tratando de evitar decir algo más que pudiera molestarlo de nuevo. 
Comí todo, aún cuando había comida suficiente para dos. 
.Gracias. le dije. Me recosté sobre la mesa para besarlo. Me besó 
automáticamente y repentinamente se alejó de mí. 
Apreté mis dientes, y la pregunta que quería hacer antes, salió de mí, 
sonando como una acusación .No me volverás a tocarme mientras estemos 
aquí verdad?. 
Dudó, entonces con una breve sonrisa levantó su mano y acarició mi 
mejilla. Sus dedos pasaban suavemente sobre mi piel, y no pude evitar 
colocar mi cara en su palma. 
.Sabes que esto no es lo que me refiero. 
Suspiró y dejó caer su mano. .Lo sé. Y estás en lo cierto.. Pausó, 
levantando su mentón ligeramente. Y entonces habló de nuevo con 
convicción. .No haré el amor contigo hasta que te hayas transformado. No 
volveré a lastimarte. 

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